La otra mirada

Diálogo entre culturas, de lo local a lo global.

Civilizaciones y barbaries en la construccion de la nación argentina

En este video se habla de la Generación de 1837 argentina, un grupo de intelectuales cercano al grupo político unitario que buscaba proponer un modelo de nación argentina progresista muy diferente a la que representaba el gobierno militar y federalista de Juan Manuel de Rosas entre 1835 y 1852.

Nosotros, empero, queríamos la unidad en la civilización y en la libertad, y se nos ha dado la unidad en la barbarie y en la esclavitud.
Domingo Faustino Sarmiento (1811–1888)
Facundo o civilización y barbarie en las pampas argentinas (1845)

¿Cómo puede relacionarse esta cita de Sarmiento y el contenido del video con los ideales del Romanticismo y los sucesos ofrecidos en el relato “El matadero” (1838) de Esteban Echeverría? ¿Conoces alguna situación similar de actualidad o en la Historia reciente de Argentina, Hispanoamérica o Europa que puede responder a la idea de la cita de Sarmiento o acercarse a ella, si cambiamos algunas circunstancias históricas?

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4 comentarios el “Civilizaciones y barbaries en la construccion de la nación argentina

  1. Milla
    31/08/2015

    Podemos relacionar los tres ejemplos (el video, la cita, y el relato) con los ideales del romanticismo a través de los ideales de la revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad) , y los unitarios en ese época en argentina, que tenían estos ideales y trabajaban contra los federales que según ellos no permiten la libertad de la gente. Según los rasgos del romanticismo que indica la independencia, individualismo y la libertad del hombre, Manuel Rosas y los federales tenían ideales contrarios que los unitarios, y sus ideales cortaban la libertad de la gente y creaban una diferencia social muy grande, es decir, una sociedad caracterizada de injusticia. De esta manera, en “el matadero” hace referencia a la situación económica, social y político de Argentina bajo de la tiranía de Manuel Rosas y los federales.
    Con respeto a los acontecimientos históricos temporáneos, puede relacionarse este tipo de tiranía y los ideales de los federales con el sistema de Franco en España durante siglo XX o la dictadura de Castro en Cuba durante el mismo siglo.

  2. Alvi
    31/08/2015

    Veo que citas dictaduras de extremos muy diferentes, de izquierdas y derechas. ¿Hay algún episodio específico en alguna de estas dictaduras que podría semejarse en la falta de libertad a los ejemplos que escribe Echeverría en el matadero? ¿Qué tienen en común las dictaduras y los relatos que hablan sobre ellas para que podamos entender hoy un cuento tan lejano en el tiempo?

  3. Gustavo
    12/10/2015

    Esta estrada es una oportunidad para una discusión interesante. Voy a intentar responder al comentario de Milla y a la pregunta formulada por Álvaro.
    Lo primero que quisiera señalar es que se ha caracterizado en el texto del blog al gobierno de Rosas – gobierno sustentado por el partido federal – como un gobierno ‘militar’. Voy a explicar por qué considero que esta caracterización es errónea, y que podría llevar a apreciaciones desafortunadas a un lector que no estuviera familiarizado con la historia argentina.
    Tanto el partido unitario como el partido federal se valieron del uso de la fuerza ‘militar’ para dirimir sus diferencias políticas y para mantener su continuidad en el poder. La democracia como la conocemos hoy – el voto universal – no existía en aquella época ninguna parte del mundo, e incluso décadas después, la cuna de la democracia moderna ubicada al norte del continente, dirimiría sus diferencias políticas y sus proyectos de nación (agro-esclavista versus industrial-explotador) mediante una larga y cruenta guerra civil: la guerra de secesión de los EEUU.
    De manera que cuando se caracteriza a un gobierno de aquella época – en respuesta al comentario de Milla – como una dictadura o ‘tiranía’, no queda claro con que ‘democracia’ hay que compararla; y cuando se habla de desigualdades, injusticias o falta de libertades durante el gobierno de Rosas, no queda claro con que igualdades hay que comparar: si con la igualdad de los esclavos afro-americanos en el Misisipi, o con la de los inmigrantes hacinados en las fábricas de Nueva York, con la Irlanda famélica del ’47 negro’ o con el trabajo forzado de niños en las industrias de aquel entonces en el Reino Unido, o con los derechos ciudadanos en el resto de las monarquías anti-republicanas esparcidas por toda Europa.
    Quisiera agregar también que los gobiernos unitarios no fueron ni más democráticos ni menos militares – ni sanguinarios – que los federales, simplemente tenían un proyecto de nación opuesto, que lamentablemente no se pudo sintetizar con el proyecto federal. Seguramente porque el partido unitario tenía un proyecto de nación inspirado en ideales europeos, que favorecían la economía de mercado liderada por las potencias europeas, el proyecto unitario luce menos ‘dictatorial’ (adjetivo siempre reservado para otras latitudes geográficas y políticas) a los ojos de la historiografía europea. Pero la apreciación exactamente opuesta vale desde la mirada de quienes conformaban las clases populares en aquellas tierras sudamericanas, que no podrían ser más que parias o candidatos al exterminio – como la historia luego confirmó – dentro de aquel proyecto político ligado al desarrollo liderado por los países ‘centrales’ y propuesto por la generación del 37.
    A grandes rasgos y haciendo una enorme simplificación, se podría decir que el partido unitario estaba formado por militares y ejércitos de línea (es decir de formación tradicional o europea) apoyados por la burguesía urbana, mientras que el partido federal (‘la federación’) estaba integrado mayormente por hacendados – como el propio Rosas – y milicias populares (es decir, peones rurales de formación militar heterodoxa).
    Llendo al campo literario, creo que el problema con el que Echeverría se topa es el de intentar hacer una adaptación a la realidad rioplatense de un movimiento literario como el romanticismo europeo, al cuál el admira, sin entrar en contradicción con al menos algunos valores propios de este movimiento. Esto es – a mi modo de ver – inevitable, debido a la posición social e ideológica del autor, y debido a que se trata de realidades socio-históricas que se encuentran prácticamente en las antípodas: el/los imperios – en crisis post-napoleónicas pero aún a pleno vapor – por un lado, y la colonia emancipada pero aún en proceso de consolidación nacional, por el otro.
    Propongo la siguiente comparación: Espronceda (en su ‘Canción del pirata’) hace una reivindicación ‘romántica’ de una figura idealizada, pero de extracción marginal dentro del contexto europeo: el pirata. Esta figura representa la individualidad así como también la pasión. En cambio Echeverría – un miembro privilegiado de la elite cultural del país – hace una reivindicación romántica de otro miembro de la elite: un joven que monta en jinetas inglesas, que se viste, se comporta, y es descripto como un cuasi-europeo en un territorio poblado y dominado por bestias. Echeverría no reivindica a un personaje marginal de la sociedad en la que vive: Echeverría está haciendo una reivindicación de si mismo. Esto es indudablemente propio de la exaltación de la individualidad característica del romanticismo, pero al costo de entrar en contradicción con otras valoraciones propias del romanticismo como son la apreciación por lo popular, marginal y representativo de la identidad local. El héroe de Echeverría carece de estas cualidades y representa más bien lo opuesto. El héroe de Echeverría representa más a la razón que a la pasión, y más a lo extranjero la particularidad local. Es un apasionado por un ideal abstracto: la patria relacionada con las ideas del iluminismo europeo, no del romanticismo que es precisamente su antítesis. Son ideales de un ‘universalismo’ etnocéntrico, que excluye la realidad de las circunstancias que conforman su origen como autor, que desconoce a su propia particularidad nacional. Mientras que los adversarios de su héroe son la patria encarnada, los tipos populares, lo autóctono, la identidad local, pero rebajados por el narrador a lo bestial. El relato equipara a lo popular y local con la bestialidad de quienes tienen como ocupación matar bestias, que conforman la única referencia a lo popular y autóctono dentro este micro-universo.
    Sin negarle méritos literarios al cuento, justamente por que los tiene estilísticamente – e intentando responder a la pregunta de Álvaro – considero que se trata de un relato que intenta imponer una visión política que está resuelta de antemano por el autor, y que le deja al lector poca o ninguna decisión interpretativa a tomar por si mismo. El relato encierra una aspiración a representar una totalidad, la totalidad de la sociedad de aquella época, para reforzar la credibilidad de su contenido ideológico.
    Con respecto a la cita de Sarmiento, Sarmiento es el único de este grupo de intelectuales que concretó la ambición de llegar a gobernar. Su actuación fue decisiva, definió he hizo real un proyecto de nación. Hubiera sido interesante proponerle a nuestro enorme escritor que compare lo que él consideraba ‘unidad en la barbarie y el la esclavitud’ con los ejemplos de otros países que proporcioné más arriba, y que compare la barbarie de Rosas con las matanzas que él mismo ordenó – en nombre del progreso – siendo gobernante. Cuando él era un personaje perseguido y en el exilio le resulto fácil identificarse con la figura del héroe romántico sorteando adversidades, peleando contra viento y marea; pero cuando fue estadista dejó de lado y contradijo todo ideal romántico para perseguir y desatar tormento y exterminio contra quienes consideró prescindibles para su proyecto de nación.
    Por último quisiera resaltar el algo que está muy claramente presentado por los investigadores históricos en el video: la ‘sinuosidad política’ de aquel grupo de intelectuales. Para la generación del 37 Rosas era ‘una expresión genuina de la voluntad del pueblo’ – recordemos que el ideal de la soberanía popular también viene de la revolución francesa – en tanto y en cuanto conservaban la esperanza de convertirse en sus interlocutores ideológico-culturales (e incluso guías del proyecto político). Una vez que entendieron que Rosas no les iba a dar ningún reconocimiento político, se convirtió Rosas en un ‘déspota que descansa sobre sus bayonetas’ al cuál se debía derrocar.

  4. Alvi
    13/10/2015

    Gracias, Gustavo, por detallar la complejidad del período. Nos recuerda lo importante que es tener en cuenta quién cuenta la Historia, quién la recibe y cómo la difunde, que suele coincidir en parte con esa frase famosa de “la historia la cuentan los vencedores” y que aquí podemos aplicar al europeísmo que historiza sobre la Argentina de Rosas. Reconocer esto no exculpa sus hechos pero matiza la situación política de sus enemigos, que buscan también autorizarse ante la nación, en este caso, a través de un relato que podía impactar en su público y en el público futuro. También es muy relevante reflexionar, en cada momento histórico, y cuando usamos palabras universales, que esa universalidad debe concretarse en los significados de cada periodo: la libertad que a veces asociamos a la idea de democracias en otros tiempos no viene definida por lo que nosotros entendemos por democracia (el caso del voto universal es muy claro, porque ha sufrido un proceso en el que solo quien es considerado ciudadano puede votar, y en la antigua Grecia ni mujeres ni esclavos votaban, porque no pertenecían a la esfera pública, y hoy un inmigrante ilegal que reside en un país democrático del llamado primer mundo tampoco puede votar, por ejemplo, pero sí las mujeres). Y por último, parece bueno recordar que cuando existen revoluciones, no suelen hacerse desde abajo, desde la gente más marginal, sino que en nombre de ellos y a menudo con su ayuda, son las clases superiores, que en lucha entre sí, esgrimen la marginalidad como modo de presión y bandera política. Sin duda, hay un espacio gris en el que esas reclamaciones tienen su significado humano y su petición basada en una justicia social en muchas ocasiones, pero nunca es eso algo completamente desinteresado, y necesita ser contextualizado en las circunstancias que hacen viable o útil esa reclamación. ¿Qué opinais?

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Esta entrada fue publicada el 25/08/2015 por en Audiovisual, Historia, identidad.
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